Buenos días Javier;

He empezado este encabezamiento como tres o cuatro veces y espero que este sea el definitivo. Sinceramente es que no sabía cómo empezar pues sólo tengo palabras de agradeciemiento hacia usted (GRACIAS).

Intentaré expresarle en breve para no ser pesada, lo que ha supuesto para mi y eso que aún no me hago a la idea, el que mi destino me haya hecho cruzarme con usted. No se puede imaginar lo que sus manos, su trabajo puede llegar a hacer a otra persona. Si puede ver los resultados de su trabajo y saber que lo ha hecho fantásticamente bien, pero hay otros efectos que son los psicológicos, los personales, a otros niveles, y que son los verdaderamente importantes para las personas a las que ayuda.

Ya desde la semana pasada me miro mi ombligo (por finnnnnnnnn, bravo,) , me lo miro y me lo vuelvo a mirar. No me lo puedo creer, llevo diez años sin tenerlo y diez años evitando el mirarme, no puedo evitar el llorar, es imposible.

Ya no tendré que esconderme de mis hijos porque era imposible que su madre les mostrara su tripa, esa cosa tan horripilante que tenía y que tanto daño me ha hecho durante este tiempo.

Ya no tendré que estar temiendo que llegue el verano para que ellos me digan, -Mamá playa, y yo me echara hasta temblar,…En fín son muchas cosas, por ello ahora aún no me hago a la idea de lo que va a cambiar mi vida, lo que si le puedo decir es que mi mente aún no asimila mirar mi tripa y tener ombligo.

Recordaré hasta el último día de mi vida la tarde que entré en su cosulta y en cuánto me miró me dijo que me iba a operar, así sin más , que no me preocupara del dinero ni de nada pero que me tenía que operar ya. Doy gracias todos los días porque un SER HUMANO como usted se haya cruzado en mi camino y de verdad que no hay un sólo día en que no piense en el Doctor Mato, ni uno solo.

GRACIAS POR TODO.

R.I.